¿LA MÁXIMA FELICIDAD?

FelicidadHace unos días me hice eco de una polémica que acaba de azotar Internet respecto a las palabras que Samanta Villar virtió respecto a ser madre. Según ella tener hijos es perder calidad de vida. Y yo, personalmente, no podría estar más de acuerdo.

No hablo con conocimiento de causa, pues no soy madre y espero no serlo nunca. Por ello más de una (o uno) me dirá que me meta la lengua en el culo (perdonad la expresión) y que no opine sobre aquello que no sé, pero es que de algo sí que me doy cuenta, aunque no haya parido nunca. Y, por desgracia (nótese la ironía), como aún estamos en un país democrático, voy a expresar mi opinión.

Ser madre no es la mayor felicidad. La mayor felicidad es sentirse realizada, verse feliz y contenta, sentir que estás en el lugar correcto y que en general no te puedes quejar de demasiadas cosas. Ver que tienes cierta estabilidad económica, laboral y social. Esa es la felicidad.

Que para ti tener un hijo te hace feliz, ¡adelante con ello! ¿Pero y si no? ¿Y si sabes que no es lo tuyo? O, peor, ¿y si cuando tienes un hijo te das cuenta que has perdido tu libertad, tu felicidad? No es el primer caso que leo, ni el primer caso que veo.

He visto madres que han tenido a sus hijos para complacer a su pareja (hombre o mujer). Madres que tras tener a su hijo se han dado cuenta que las cohartaba para hacer muchas cosas. Padres y madres que no sienten ese apego emocional que se les ha inculcado deben sentir. Madres que para ellas (y ellos. No nos olvidemos de los padres) el hijo no es una extensión de si misma, sino más bien un parásito del que se deben ocupar de por vida.

Muchas me dicen: pero es que ser madre es sacrificar muchas cosas. Y yo pregunto, ¿eso es felicidad? ¿Sacrificar dinero, tiempo y salud en favor de un hijo que no sabes si te va a corresponder el día de mañana? Creo que no.

Las que deciden ser madres me parecen muy valientes. Me parece que hay que ensalzar la gran obra que van a llevar a cabo el resto de su vida. ¿Pero qué pasa si no se quiere ser madre? ¿O si se es y una se arrepiente? Ahí vienen los comentarios hirientes.

Durante esta semana he visto y leído centenares (sin mentir) de comentarios en contra de Samanta Villar por sus palabras. ¿Y qué? ¿Qué pasa? Pues que ella es una persona mediática. Estas palabras han herido y han ofendido a centenares de madres por ser de quien son. Pero, ¿la gente no es consciente de que estás palabras también las dicen millares de madres (padres) en este país? Es algo que no es nuevo.

Si no quieres tener un hijo te estigmatizan. Porque no eres mujer, porque no sabrás lo que es ser mujer. He escuchado esas palabras decenas de veces, tanto de hombres como de mujeres. Sí señoras (y señores) sé lo que es ser mujer. Sé lo que es intentar autorrealizarme, intentar hacerme un hueco en este mundo tan competitivo y cada vez más sin sentido. Por esto posteo este artículo.

Estoy cansada de ver madres super orgullosas de serlo, que persiguen e insultan a aquellas que no quieren serlo o aquellas que se arrepienten de serlo.

No señores. Los hijo no dan la felicidad. La felicidad la dan un conjunto de un centenar (sino miles) de cosas juntas. No solo una. No solo se puede aplicar la felicidad a un concepto tan básico

Por ello defiendo y entiendo las palabras de Samanta, que me imagino diría en un momento de estrés. Pues todos sabemos lo duros que son los primeros años de los niños. No he sido madre, pero sé bien de qué hablo.

Ser madre tiene momentos buenos y momentos malos, como todo en esta vida. Pero de la misma forma que hay que respetar a todas aquellas orgullosas madres que dicen que un hijo es la máxima felicidad que les podría haber pasado, también se debería respetar a las que dicen que no lo es en absoluto.

Cansada estoy de madres que dicen estar felices, pero cuando sus hijos crezcan..¿qué?

Si no cumplen sus expectativas, si no son como desean, si no hacen lo que ellas quieren…¿qué?

Y, si no quieres tener hijos, pero igualmente los tienes, el niño de mayor se sentirá rechazado, se sentirá dolido porque sabe que al menos uno de sus progenitores no lo quiere. ¿Y luego qué?

Nos quejamos de los traumas, de los problemas tales como la ansiedad  o la depresión que cada vez empiezan antes, que cada vez sufren más los niños. Estoy segura que algunos de esto problemas vienen arraigados por esto mismo. Niños que no se sienten queridos en casa que abusan de otros niños en el colegio. Así se crean adultos irresponsables, inseguros y manipulables. ¡Pero no! ¡Todos a tener hijos!

Ser madre no es la felicidad. Si a ti te hace feliz ¡bien por ti! Pero si a otra mujer no le gusta, ¡bien por ella! Basta ya de subyugaciones infantiles y sin sentido.

Samanta lo decía, tener un hijo es perder calidad de vida. Y es una gran verdad. Quien no quiera entenderlo, que no lo entienda. Y yo, personalmente, no podría estar más de acuerdo.

Ainhoa Pastor Sempere

No os olvidéis de comentar. Muchas gracias por estar ahí y nos vemos en las sombras.
(Si queréis incluirlo en algún lugar o extracto, por favor, citad el blog y autora original)

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