PELIGROSA CONEXIÓN

PeligrosaConexionEl espectro volvió a aparecerse, como cada noche. No sabía por qué, pero era algo en su vida que ya era una constante. Todas las noches aquella sombra de negras vestiduras se presentaba en su casa y, solo con su apariencia, lo acosaba. No sabía distinguir si era hombre o mujer, pues la holgada túnica que llevaba hacía imposible reconocerlo. Solo sabía que se le aparecía como castigo a su crimen.

Y luego despertaba, empapado en sudor, como todos los días desde hacía medio año. No lograba recordar casi nada del sueño, tan solo aquella negra figura, que lo acosaba por algo que él desconocía. Por las noches una increíble e insoportable culpabilidad se apoderaba de su alma, pero nunca lograba dilucidar el porqué.

Hugo era un simple profesor de física en la universidad. Una persona que solo se dedicaba a investigar y desarrollar teorías en su campo de estudio. No destacaba mucho, pero había logrado ciertos avances en física teórica que le habían granjeado el respeto de sus subalternos. Se portaba bien con la gente y, a pesar de no tener ninguna relación seria, siempre tenía alguna mujer detrás, por ello no se podía considerar desdichado. Sus amigos lo apreciaban mucho y él a ellos, con lo que su vida social no era desagradable. Pero desde hacía seis meses, cada noche se le aparecía aquella criatura vestida completamente de negro y, aunque no sabía si era en sus sueños o en la realidad, poco le importaba pues siempre le dejaba esa sensación de angustia en el cuerpo.

Al principio pensó que sería la muerte, pues era aquella la forma en la que siempre se la había imaginado, pero a lo largo de las semanas tuvo que desechar la idea. No creía que la muerte se tomase tantas molestias para desequilibrarlo, y menos aún a alguien tan normal como él. Llegó incluso a llamar a curas y espiritistas, sin éxito alguno. El extraño ser no se mostraba frente a nadie más. Era solo suyo y no parecía que tuviese intención de marcharse.

Había escuchado historias de entes espirituales que se dedicaban a trastornar la paz de los vivos que les habían hecho algo en vida, pero Hugo no había hecho nunca nada a nadie que mereciese tal desprecio, o al menos en aquel momento no lo recordaba.

Cada noche, pasadas las dos de la mañana, se despertaba asustado y allí se encontraba con la espectral figura. Y las noches en las que no se despertaba sobresaltado el ente lo acosaba en sueños. Había noches en las que se las pasaba escondido bajo las sábanas, cual niño, a pesar de que apenas le quedaban cinco años para alcanzar los cincuenta. Pero lo cierto era que había de ellas, la mayoría, en las que solo recordaba como un vago recuerdo la visita. Todas esas noches se levantaba con una muy mala sensación, como si hubiese hecho algo de lo que debería estar arrepentido. Era como si la aparición fuese el castigo a algún error pasado, que no lograba recordar.

Tras varios meses la sensación no se redujo, pero una cierta calma empezaba a llenarle las entrañas. Por una extraña razón que no lograba identificar, cada día se encontraba mejor consigo mismo. Pero de lo que no se percataba era que todos sus compañeros hacía tiempo que lo rehuían.

Su cara mostraba una extraña mueca sádica que no sabía cómo había adquirido, pero que tampoco le molestaba tener. Había perdido bastantes quilos; los pantalones y camisas le venían anchos por todas partes y, aunque los demás lo instaban a cuidarse más, a él poco le importaba su aspecto físico. Se sentía completo, con el alma en paz. Sentía que hacía algo que era necesario. Aunque nunca lograba saber de dónde provenían aquellas buenas sensaciones.

Se miraba al espejo y no se veía el cuerpo, sino que miraba mucho más allá, como si quisiese profundizar en la naturaleza de su alma. Se inspeccionaba diariamente cada centímetro de piel y, por mucho que buscase, no lograba ver los cambios que los demás decían que se habían producido en él. Dejó de ir a la universidad, dejó de lado su trabajo y solo se centraba en esperar la visita de la oscura figura cada noche. Ahora el miedo lo había abandonado y había dejado paso a una reverencia sin límites a aquel ser que él denominaba su maestro.

Pero una noche no llegó. Ni la siguiente. Tampoco la otra. La espera se hico interminable hasta que, por fin, asumió que lo había abandonado. Sabía que no volvería a verlo, pero aquello no iba a ser lo peor. Tras una semana de estar encerrado en casa, decaído y melancólico esperando al espectro, se miró al espejo. Por primera vez se miraba realmente el cuerpo y lo que vio no le gustó. Su estado era deplorable. Entonces, como un flash, todo le vino a la memoria y fue consciente de que ya nada podría hacer. Imágenes sueltas, aberrantes y terroríficas lo atenazaron y le vinieron como flashes; había hecho algo de lo que no había sido consciente.

Hacía meses que salía por la noche de su casa, sin que ni su cerebro ni su cuerpo se diesen cuenta, de ahí aquellos dolores de cabeza que sentía cada mañana al despertar y los moretones que mas tarde descubriría. Su cuerpo se había demacrado sin él saberlo, pues no lo sentía como suyo y con razón, pues en cierto sentido no lo era. La espectral aparición sin duda se adueñaba de su conciencia y de su cuerpo por las noches. Recordó vagas imágenes de lucha, sangre, tiros y trifulcas en muchos bares y callejones distintos durante aquellos meses. No le gustó rememorar aquello y, mucho menos, verlo como un simple espectador, como si alguien estuviese controlándolo cual marioneta.

Durante toda su vida lo había acompañado un pesado secreto que nunca reveló a nadie y que, con el tiempo, él mismo llegó a olvidar. Lo escondió en el profundo fondo de su mente y lo tapió con ocupaciones, trabajo y ensayos, hasta que lo dejó hundido y renegado, sin acordarse de él. Pero supo en aquel momento que las últimas palabras de su difunto hermano habían vuelto y se habían hecho realidad.

Me vengaré de ellos, por matarme. Me vengaré de ti, por dejarme de lado. Se que siempre has sido el preferido, pero eres una persona diabólica, calculadora y mal nacida. No me defendiste, dejaste que me matasen y por ello me vengaré. Todos creen que eres un santo, no les culpo, pues escondes tu verdadera naturaleza con mucho aplomo, pero en el fondo no eres más que un asesino y por ello te haré pagar.

Hugo tuvo otros flash- back y se vio a si mismo matando a todos aquellos que en su juventud habían sido sus amigos. Aquellos que en su juventud mataron a su hermano gemelo, simplemente por no doblegarse a su voluntad. Se vio matándolos, pues reconocía su cuerpo y sus manos, pero sabía que la conciencia que en aquel momento llevaba a cabo aquellos atroces actos no era suya. Su hermano y él, como buenos gemelos, siempre habían tenido una conexión especial, que ellos mismos siempre habían despreciado.

Tras esta revelación Hugo se desmoronó. Vio su demacrado cuerpo y supo que todo aquello era un castigo por lo que de joven había hecho. Sus actos eran algo borrosos en su memoria, pues los había bloqueado, incluso llegando a olvidar que alguna vez tuvo un hermano. En su casa sus padres habían borrado todo recuerdo, para intentar protegerlo y no causarle más daño, cosa que se dio cuenta que había sido un error.

Esa noche no durmió, la conciencia le carcomía. Y fue entonces cuando se le volvió a aparecer la horrible figura, pero aquella vez no llevaba la capucha. La cara que lo miraba con su siniestra sonrisa era la de su hermano, que mostraba un regocijo exasperante. No supo cómo actuar, solo miraba fijamente la cara con las mejillas hundidas, los ojos oscuros y la piel pegada a los huesos.

He cumplido mi promesa y acabado con todo aquel que me hizo daño. Los que me mataron han pagado. Y has sido tú, mi propio hermano, quien me ha servido de medio. No temas, no sufrirás el mismo destino que el de esos hombres, no me sobran energías y sé que has logrado reformarte. Llevas una vida sana y no encuentro explicación para hacerte pasar por lo mismo que pasé yo. Pero de todas formas, recuerda hermano que siempre estaré aquí, vigilándote, pues incluso cuando mueras, me debes mucho.

A la mañana siguiente Hugo se levantó descansado, sin recordar apenas lo que había pasado la noche anterior. Aquellos últimos nueve meses le habían parecido un sueño, como si hubiese estado dormitando durante todo aquel tiempo, siendo un fantasma de si mismo. Entonces le pareció recordar una negra figura al lado de su cama, cosa que enseguida desechó como un absurdo. Fue cuando se levantó, fue al baño y se miró al espejo cuando supo con total certeza que aquello no había sido un sueño, pues su cuerpo se mostraba desnutrido y mal cuidado, como recordaba vagamente haber visto en aquel trance. Se dio cuenta de que su hermano casi lo había perdonado y que aquella figura vestida de negro no se volvería a presentar ante él, siempre y cuando se mantuviese en el camino correcto.

Ainhoa Pastor Sempere

Muchas gracias por estar ahí y nos vemos en las sombras.
¡Suscríbete para recibir todas las novedades!
(Si queréis incluirlo en algún lugar o extracto, por favor, citad el blog y autora original)

4 reflexiones sobre “PELIGROSA CONEXIÓN

  1. Esta bien pero conociendote como te conozco se que te hubiese gustado perfeccionarlo
    Me parece increible que con la cantidad de ocupaciones que as tenido esta semana aun seas capaz de seguir creando nuevos e interesantes relatos

    1. No me queda otro remedio. Jajaja.
      Me prometí a mi misma que subiría una entrada a la semana y lo estoy cumpliendo a rajatabla.
      3-4 horas para hacer una entrada puedo encontrar siempre.
      Gracias por leer y comentar. Espero que las siguientes entradas sean mejores.

  2. Buena historia y buen ritmo. Quizá hecho de menos un poquito mas de suspense; pero bueno. Tú eres de dejarlo todo bien atado. Enhorabuena y gracias por el relato.

    1. Gracias por comentar. La verdad es que releyéndolo, y siendo como soy yo, me da la impresión de que le faltan detalles. Intenté hacer un relato decente y se me ha quedado en semi-decente. Pero bueno, no me va a dar la vida en cambiarlo, así que así se va a quedar de momento. XD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.