VIENTO EN EL PORTAL

Viento en el portalNo, si la culpa es mía… — Pensaba mientras metía de forma minuciosa toda la ropa en la maleta.- No, si esto me pasa porque no hago nada más que tomar malas decisiones.— Rumiaba mientras unos zapatos de tacón negros se negaban a entrar en el pequeño hueco que ella les había asignado.— No, si al fin y al cabo soy yo, que no encuentro mi sitio. Debería ser más moldeable y adaptarme más a lo que la gente quiere.— Dijo al cuarto vacío, mientras posaba forzosamente la maleta en el suelo.

No debo mostrarme como soy. No debo más que ser como los demás pretenden. Al fin y al cabo sería lo más sencillo. Lo más fácil. — Murmuraba mientras arrastraba la pesada carga pasillo a través.— Nadie ve a querer tenerme a su lado si hago lo que quiero, si muestro mi carácter.— Suspiró para sí misma, cerrando la puerta de la casa y alejándose lentamente.

La cuestión es que me gusta como soy.— Reflexionaba mientras golpeaba pesadamente los escalones de bajada. — La cuestión es que creo que debo seguir mis principios. Debo ser fiel a mi misma.— Dijo mientras salía por la enorme puerta de cristal del portal.

La maleta avanzaba a trompicones. El viento la empujaba sin tregua y ella iba pensando en sus siguientes pasos. Un fino hilo rojizo se deslizó de entre una abertura del enorme maletón. Ella no lo notó. Nadie lo notó. El barrio era tranquilo; solo personas mayores recorrían las soleadas calles durante el día, pero por la noche el terrible frío lo sumía todo en un mutismo casi sepulcral.

El pavimento de hormigón por el que arrastraba su carga le gustaba, era casi silencioso. Cuando llegó al contenedor miró la maleta y reflexionó. ¿Demasiado pesada? No. No era la primera vez; estaba segura de tener aún las fuerzas necesarias. La levantó con un leve quejido y la débil cremallera empezó a ceder, dejando al descubierto un terrible secreto. Un terrible secreto que solo ella conocía. Volvió a cerrarla. No salgas de ahí. — Ordenó en un susurro, como si intentase amonestar a aquel ojo que la miraba desde dentro. Una mano quiso alcanzarla a través de la pequeña abertura, pero no lo logró. Ella la empujó presta hacia dentro y cerró la cremallera de nuevo, esta vez con un fuerte y rápido movimiento.

Un leve quejido resonó al fondo de la maleta, pero su inerte inquilino ya nada podía hacer. Levantó la maleta y logró tirarla al contenedor. Sabía que no tendría problema. No era la primera vez.

Se alejó calle arriba con paso firme y posición erguida, con su nueva ropa e identidad y una nueva oportunidad por delante. Esta vez sería diferente. Esta vez lo conseguiría. Se adaptaría. Era lo que llevaba haciendo siempre. Se convenció de que esta vez sería diferente. Pero en el fondo, en lo más profundo de su ser, sabía que no iba a conseguirlo.

Ainhoa Pastor Sempere

No os olvidéis de comentar. Muchas gracias por estar ahí y nos vemos en las sombras.
(Si queréis incluirlo en algún lugar o extracto, por favor, citad el blog y autora original)

 

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